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La respiración es un principio universal que no requiere esfuerzo ni voluntad, y del cual ignoramos con frecuencia lo importante que es hacerlo bien. Nosotros no sentimos habitualmente la respiración porque es un acto reflejo, autónomo, aunque también sujeto a nuestro control si lo deseamos.

Bastan diez minutos por la mañana o al atardecer para que nuestra capacidad respiratoria aumente significativamente.

Este es un ejercicio de respiración muy sencillo, practícalo:


  1. Primero hay que situarse en una habitación que tenga una temperatura confortable, a fin de evitar contracturas musculares.
  2. Estirarse sobre una superficie lisa (una alfombra es lo ideal) de manera que la columna vertebral esté lo más pegada a ella. Recogeremos las piernas, pondremos los brazos en forma de cruz, las palmas mirando al cielo y la cabeza recogida hacia el mentón.
  3. La respiración se efectúa por la nariz y se controla con la garganta, expulsando un ligero ronquido.
  4. Comenzar con un trabajo de los pulmones espirando e inspirando lentamente, procurando involucrar al abdomen.
  5. Aumentar el nivel de la inspiración poco a poco, hasta lograr el máximo posible, sintiendo cómo vibra el diafragma. Es importante que la inspiración-espiración se realice lentamente, sin brusquedad y sin forzar la amplitud pulmonar. La duración debe ser entre ocho y diez segundos.
  6. La adquisición de una regularidad en el ritmo respiratorio aporta un equilibrio energético corporal y es importante lograrlo incluso cuando la respiración esté agitada. Un ejemplo puede ser así: inspiración cinco segundos, espiración diez segundos; después a la inversa.

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