El pan es una buena fuente de fibra (el 3,5% en el de barra normal y dos veces más en el integral), sustancia que desempeña importantes funciones en el organismo. La fibra insoluble, al no poder digerirse, aumenta el bolo fecak; la soluble produce al fermentarse gases que contribuyen al efecto laxante. Además ambos tipo de fibra absorben gran cantidad de agua, con lo que aumenta el volumen de las heces y se desencadena el reflejo defecatorio.
La fibra no aporta calorías y, al hincharse por la absorción de agua, transmite al organismo la sensación de saciedad, con lo que disminuye la sensación de hambre, lo que ayuda a prevenir la obesidad. Por tanto, no sólo combate el estreñimiento: también ayuda a controlar el peso. Pero hay más. A nivel intestinal, la fibra capta las grasas, entre lasque se encuentra el colesterol, impidiendo su absorción y siendo expulsado con las heces; así, colabora en la prevención de enfermedades cardiovasculares debidas a la hipercolesterolemia.
Otra función de la fibra: hace más lento el paso de la glucosa a la sangre y evita que aumente de forma brusca la glucemia (niveles de glucosa en sangre) lo que es muy positivo en quienes sufren diabetes.
Previene también el cáncer de colon y la apendicitis y mejora la diverticulosis de colon, las hemorroides y las caries (un alimento rico en fibrea necesita ser masticado durante más tiempo, con lo que la segregación de saliva es mayor).
Se considera que es saludable consumir no menos de 24 gramos de fibra cada día. Otros alimentos cotidianos que contienen mucha fibra son: almendras(14%), judías y habas (7%), espinacas(6%), guisantes(5%), lentejas(4%), las frutas, coliflor y repollo. Consumamos con frecuencia pan, verduras, frutas y legumbres: los alimentos integrales son también una gran opción.
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