El yogur es leche fermentada, o sea es el resultado del crecimiento de las bacterias en la leche tibia y se reproducen formando ácido láctico que a su vez no permite el desarrollo de otras bacterias nocivas.Su sabor y su consistencia varían de acuerdo con la calidad y el tipo de leche que se utilice para su producción. Igualmente se le agrega fruta para cambiar su consistencia y aumentar su valor nutricional. beber,…
El origen del yogur
El yogur viene de Asia (hace unos 5000 años A.C.) y luego se extendió a Europa a través de Turquía y Bulgaria. Su nombre tiene el origen en un término turco: yogurt. Las primeras referencias al yogur aparecen en textos antiguos. Los primeros consumidores de yogur fueron pueblos nómadas de las comunidades asiáticas, y en Occidente su consumo no se popularizó hasta en el siglo XX, cuando los estudios científicos del ruso Metchnikov indicaron una posible longevidad de los pueblos consumidores del yogur, especialmente en las comunidades de los países que conforman Los Balcanes.
El envase
En sus múltiples presentaciones el yogur siempre está en nuestra
nevera. Hoy en día podemos escoger cualquier variedad que nos podamos
imaginar. Con frutas, azucarados, light, para beber,…
En envase de cristal o de plástico el yogur no debe presentar golpes ni roces que hayan podido poner el contacto con el aire su contenido.
Valores nutricionales
Desde el punto de vista nutricional el yogur es igual a la leche pero por su fermentación presenta otras ventajas de digestibilidad.
Tomar yogur es una forma sencilla de lograr las proteínas de origen animal que el organismo necesita para generar las propias. Son vitales para mantener las defensas e intercambiar sustancias a través de las sangre. Una cantidad de entre 5-6 g por cada 100 g de yogur es la adecuada.
Yogures con bífidus
La presencia de lactobacillus bífidus en los ingredientes del yogur favorece la repoblación de la flora intestinal, lo que se potencia si el producto está muy fresco.
Consumo y conservación del yogur
La existencia de las bacterias resulta pues determinante para que el yogur aporte sus beneficiosas propiedades, aunque su presencia, cuyo máximo se sitúa aproximadamente en 10 millones de bacterias por gramo, disminuye con el tiempo. Por eso lo mejor es consumir el producto lácteo una o dos semanas antes de la fecha de caducidad, porque es cuando éste contiene más bacterias. Pasado ese momento, el yogur aún mantiene las propiedades nutritivas, pero los microorganismos desaparecen. También es importante mantener los yogures a una temperatura adecuada,entre los cero y los cuatro grados, porque si se exponen a temperaturas superiores la colonia de bacterias desaparece. La fecha de caducidad que ofrece la tapa de un yogur es una prueba visible de cuándo acaba su vida útil, pero, desde luego, no es un indicador de la fecha de su nacimiento.
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