Calidad de vida, no tengo tiempo

La mayoría de nosotros decimos “no tengo tiempo” cuando llega el momento de crear nuevos y pequeños hábitos de vida que permitan el cambio ambicionado. La mayoría de nosotros anhelamos vivir mejor, un cuerpo más sano, un trabajo mejor pagado, con más tiempo libre y muchos sueños hechos realidad.

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No tengo tiempo… Frase nada original utilizada para excusar el abandono. Frase cotidiana para expresar fastidio por la vida. Frase comúnmente utilizada para enmascarar un sueño frustrado.
“No tengo tiempo” es muy usual entre las madres, perdidas en los hijos y sin mucho sentido personal de vida. “No tengo tiempo”, igual que el fumar, es una actitud socialmente aceptada a pesar de su resultado auto-destructivo.
“No tengo tiempo” es una zona de comodidad y escondite de miles que no se atreven a cambiar.
¿Podría ser miedo al cambio? El miedo al cambio realmente no existe. Pero sí el miedo a cambiar. Somos muchos los que queremos un cambio… Un cambio en la vida de nuestros seres queridos, un cambio en la comunidad o país a la cual pertenecemos, un cambio en la vida misma.

 

Piensa en tí, date ese tiempo.
Entonces, de ahora en adelante, cuando digas “no tengo tiempo”, piensa en tu miedo y resistencia a ser mejor; piensa cuánto en la vida te estás perdiendo por negarte a instaurar nuevas formas de comer, relacionarte, vestir, pensar, responder… Piensa y acepta que al decir “no tengo tiempo” te estás simplemente abandonando.
La siguiente vez que pienses o digas “no tengo tiempo”, tómate el tiempo de reflexionar. Elije un pequeñito cambio de hábito, e inicia tu nueva forma de ser y de vivir. La siguiente vez que brote de tus labios un “no tengo tiempo”, piensa en el legado que le estás dejando a tus hijos, o al mundo.
Pero la mayoría de nosotros decimos “no tengo tiempo” cuando llega el momento de crear nuevos y pequeños hábitos de vida que permitan el cambio ambicionado. El verdadero miedo es a cambiar uno mismo, a dar más de uno mismo.
No nos imaginamos siendo mejor de lo que somos, pero sí viviendo mejor. No es miedo al cambio, ni es falta de tiempo; es profunda resistencia a desarrollar lentamente hábitos que accionen y sostengan en el tiempo aquello que tanto soñamos lograr. Básicamente porque el ser que ya somos está en juego.
Y es que es más cómodo seguir siendo igual, y pretender no poder. Esta es la verdadera zona de comodidad… la de ser tal cual somos sin esfuerzo alguno por evolucionar.
No te rindas

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